Take a risk

Estoy bloqueada. Mi rutina de escribir casi semanalmente en este blog se ha visto truncada. Había estado escribiendo durante todo el 2020 y parte del 2021. Y por el fallo en el pago de otra persona (Nota mental: nunca más dejar en manos de otros tu propia felicidad) y por no haber hecho un respaldo de la web semanal o, al menos, mensual, perdí todo eso que había escrito.

Bueno, ¿y qué? Simplemente me da como pereza. ¿Será miedo a que no permanezca? Llevo un cuaderno en papel y ahí también puede que se pierda, ¿no crees?

Así que hoy, precisamente hoy, he escuchado el podcast de Tonya Leight de esta semana: How to become a risk taker. Y una de las cositas que propone es entrenarte para arriesgarte. O sea, arriesgarte en pequeñas cosas cada día. ¿Qué tal escribir en este blog a riesgo de que se pierda, de que nadie me lea o de que me leas tú y pienses que soy un poco gilipollas?

El sábado 28 de agosto de 2021 me dejó mi novio. Y yo me puse a caminar por la casa como una pantera enjaulada, como una gueparda que, de alguna manera, intuye que ese no es su sitio.

Él se arriesgó porque algo dentro de su mente y de su corazón le dijo que el camino que llevábamos juntos ya no nos servía, ya no le servía.

Sigo echando de menos su presencia, su mano en mi pierna mientras conducíamos o las patitas de los perros cuando nos íbamos los 5 a dormir.

Estoy aprendiendo a estar conmigo misma, a disfrutar de mi propia compañía, a conocer otras almas.

Quizás, solo quizás, leas esto y pueda darte un punch o una esperanza.

Imagen subida por Leah Lichtenfeld en Pinterest