Las rumiaciones y los espejos

Normalicemos que somos humanas. Que podemos cagarla, responder mal, equivocarnos al tomar decisiones, probar cosas que no están en nuestra línea.

Cuando discuto con alguien, no soy mala amiga, no la quiero menos. Simplemente soy.

Así que no hace falta hablarlo una y otra vez y pedir disculpas y y darle bola.

¿Qué son las rumiaciones?

Cuando proyecto en una situación cotidiana todos mis valores, le doy demasiada carga emocional a esa situación.

No se puede ser perfecta en cada momento y una decisión no es todos mis valores.

Además, las reacciones que puede que tengas las personas a las que quiero tampoco significan determinados valores: no es que no confíen en mí o que les decepcione.

Necesito romper el pensamiento de cómo deben reaccionar a lo que yo hago. Porque… ¡las personas a las que quiero pueden pensar distinto! Podemos pensar diferente y querernos también.

¿Posibles soluciones?

Introducir en mi vida, en mis relaciones y en mis conversaciones:

  • “No soy perfecta, no tengo clara mi opinión.”
  • “No tengo clara mi opinión, la estoy construyendo, soy humana.”
  • “Mi decisión es cuestionable porque yo misma también me la cuestiono.”

El humor también me ayuda a no cargar tanto peso en esa situación.

Por otro lado, si yo no necesito que el otro cambie su opinión, no hay nada que argumentar. La sobreargumentación da lugar a la expectativa de que reaccionen de una forma.

Tengo una regla implícita que quiero romper

La regla es: por nuestra amistad, debemos pensar guay e igual.

Y quiero aceptar que puedo reaccionar mal, tomar malas decisiones.

Se puede dar una conversación que no me guste. O una reacción. O un comportamiento. Y me ocurrirá muchas veces.

Así que normalicemos que se puede opinar diferente, responder mal o cabrearse y que no significa que estemos fallando a la otra persona.

Trabajarlo en terapia y normalizarlo en nuestra vida

No me hace falta argumentar. En el fondo es una forma de aliviar mi malestar y de seguir con las rumiaciones.