Día 8. La luna de ayer

Ayer la luna estaba alta, redonda, poderosa, llena de luz.

Lo habían dicho y, hasta que no terminó el capítulo de Vikingos y miré el móvil, no salí a mirarla. Un amigo compartió una foto de ella.

Me puse mi abrigo de vikinga, abrí la puerta de mi terraza y la miré. Me bañé en su luz. Respiré profundo y escuché.

Fuera, el silencio total. El silencio que nos habla del confitamiento que estamos viviendo. De esa potencia que tiene este momento histórico: los humanos nos quedamos metiditos en casa y la naturaleza sigue su curso.

Me decidí a investigar con la cámara del móvil. Modo Pro. Tocando la ISO, el tiempo de exposición, los tonos…

Le pedí a la luna que nos trajera buena vibra. Que nos diese paz. Y paciencia. Y amor. Que nos dejase confiar.

Controlar lo que podemos, aceptar lo que no podemos y hacerlo todo con amor y gratitud.