Foody Love: Coixet en estado puro

El sábado, después de trabajar en la biblio (que abría por exámenes también en sábado), me tumbé en el sofá, sola y con los perros ya tranquilos a verla.

He de confesar que ya la había empezado y que los 10 primeros minutos me habían aburrido.

Lo que pasa es que mi amiga Eva me la recomendó tanto que yo, para hacer honor a mi filosofía sobre las pelis y series (no se pueden juzgar por su nacionalidad), le di otra oportunidad.

Foody Love es Coixet en estado puro. Primeros planos, fotografía exquisita, diálogos interesantes, intimista, llena de detalles cuidados.

Me dejó pensando en la suerte que tengo de haber cerrado heridas, de sentir tan bonito ahora, de vivir tan a gusto y fácil con mi bombón favorito y rico.

Los protas tiene buena química, las escenas están mezcladas con curiosos cortes de dibujos antiguos, películas referentes y una banda sonora muy interesante.

Además, me llamó la atención uno de los subargumentos que me transportó directamente a Mapa de los sonidos de Tokio.

Es curioso cómo el cine (las series ya son cine, ¿verdad?) te lleva a ese momento en el que viste esa escena o esa peli. Como un olor. Piensas en tu yo de aquel momento. Recuerdas incluso aquellos anhelos.