Oficialmente, he vuelto a leer

Estoy inmersa en el gran objetivo de ganar mi plaza. Así que necesito algunas lecturas para ir disfrutando del camino y, además, para poder incorporar hábitos a mi día a día que me ayuden a conseguirla.

Gracias a la hermana de mi bombón favorito, cayó en mis manos este librito. Yo creo que las lecturas llegan en el momento justo para enseñarnos algo que necesitamos aquí y ahora.

Los cuatro acuerdos

Ruiz M. Los cuatro acuerdos: un libro de sabiduría tolteca. Barcelona: Urano; 1998.

Un libro de sabiduría tolteca. Muy religioso, muy pasteloso, muy para hombres y, sin embargo, con 4 conceptos que me han resonado fuertemente. Ya estaban en mi haber y, lo que ha pasado es que los he subrayado en mi consciente.

  1. Sé impecable con tus palabras.
  2. No te tomes nada personalmente.
  3. No hagas suposiciones.
  4. Haz siempre lo máximo que puedas.

Sé impecable con tus palabras

La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. El único problema es que, con demasiada frecuencia, el fértil para las semillas del miedo.

Una palabra es como un hechizo. Todos ser humano es un mago y, por medio de las palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo.

Ser impecable es no ir contra ti misma. Cuando eres impecable, asumes la responsabilidad de tus actos sin juzgarte ni culparte. Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la dirección de la verdad y del amor por ti mismo. Con el uso erroneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en un estado de miedo y duda.

La única forma de deshacer un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. Solo la verdad nos hará libres.

Los chismes son magia oscura, negativa, de la pero clase. Son puro veneno. Aprendimos a contar chismes pro acuerdo. De niños, escuchábamos a los adultos que nos rodeaban chismorrear sin parar y expresar abiertamente su opinión sobre otras personas.

Si entiendes el Primer Acuerdo (Sé impecable con tus palabras), veras cuántos cambios ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de tratarte y en tu forma de tratar a otras personas, especialmente a aquellas que más quieres.

Piensa en las innumerables veces que has contado chismes sobre el ser que amas para conseguir que otras personas apoyasen tu punto de vista. Tu opinión no es más que tu punto de vista y no tiene por qué ser necesariamente verdad.

Si adoptamos el primer acuerdo y somos impecables con nuestras palabras, cualquier veneno emocional acabará por desaparecer de nuestra mente y dejaremos de transmitirlo en nuestras relaciones personales, incluso con nuestros perros.

La impecabilidad de tus palabras también te proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que te lance un hechizo. Solamente recibirás una idea negativa si tu mente es un campo fértil para ella.

Utiliza tus palabras apropiadamente. Empléalas para compartir tu amor. Empezando por ti. Dite: soy una persona maravillosa, soy fantástica. Dite cuánto te amas.

Segundo Acuerdo: No te tomes nada personalmente.

Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos en nuestro propio sueño, en nuestra propia mente. Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que sabe lo que hay en nuestro mundo.

Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene nada que ver contigo. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los acuerdos que ha establecido en su propia mente.

Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura.

Y si no te lo tomas personalmente, serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno. Esa inmunidad es un don de este acuerdo.

Si conviertes el Segundo Acuerdo en un hábito, descubrirás que serás inmune a los magos chungos y ningún hechizo te afectará por muy fuerte que sea. El mundo entero puede contar chismes sobre ti y, si no te los tomas personalmente, serás inmune a ellos.

El Tercer Acuerdo: No hagas suposiciones

Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan – nos lo tomamos personalmente- y, después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras porpias palabras.

Toda la tristeza y los dramas que has experimentado tenían sus raíces en las suposiciones que hiciste y en la cosas que te tomaste personalmente. Concédete un momento para considerar la verdad de esta afirmación.

Como tenemos miedo de pedir una aclaración, hacemos suposiciones y creemos que son ciertas; después las defendemos e intentamos que sea otro el que no tenga razón.

La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te quedan claras. Si no comprendes alguna, ten el valor de preguntar hasta clarificarlo todo lo posible. Una vez escuches la respuesta, no tendrás que hacer suposiciones porque sabrás la verdad.

Asimismo, encuentra tu voz para preguntar lo que quieres. Todo el mundo tiene derecho a contestarte o no. Y tú siempre tendrás derecho a preguntar. Del mismo modo que todo el mundo tiene derecho a preguntarte y tú el derecho a contestar o no.

La información es solo una semilla en la mente

Lo que realmente hará que las cosas cambien es la acción. Actuar una y otra vez fortalece tu voluntad, nutre la semilla y establece una base sólida para que el nuevo hábito se desarrolle.

El Cuarto Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas

Bajo cualquier circunstancias, haz siempre lo máximo que puedas.

De todas formas, lo máximo va a variar de un momento a otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente. De modo que, en unas ocasiones lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad y en otras será menos bueno.

En tus estados de ánimo diarios, lo máximo que podrás hacer cambiará de un momento a otro, de una hora a otra, de un día a otro. También cambiará con el tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos, tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.

Si intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes, gastarás más energía de la necesaria y, al final, tu rendimiento no será suficiente. Por otro lado, si haces menos de lo que puedes hacer, te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches.

Cuando haces lo máximo que puedes, aprendes a aceptarte a ti mismo. A demás, tienes que ser consciente y aprender de tus errores. Eso significa practicar, comprobar los resultados con honestidad y continuar practicando. Así se expande la conciencia.

Si haces lo máximo que puedas, hábitos como emplear mal tus palabras, tomarte cosas a lo personal y hacer suposiciones se debilitarán y, con el tiempo, serán menos frecuentes. No es necesario que te juzgues, te sientas culpable o te castigues por no mantener estos acuerdos. Si siempre haces lo máximo que puedas una y otra vez te convertirás en una maestra de la transformación.

Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada personalmente, no haré suposicones y haré lo máximo que pueda.

Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día.

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