La copa alternativa

Haciendo las paces conmigo misma

Hoy he leído este artículo sobre el El dañino tabú de la menstruación y me ha hecho volver a preguntarme sobre la ley de la oferta y la demanda, sobre a quién le interesa qué y quiénes son, realmente, “los de arriba”.

En 1932 fue patentada en los Estados Unidos una idea que se pensaba revolucionaría el mundo femenino.

¿Por qué después de tantos años sigue alejada de los mercados masivos y de las grandes superficies comerciales? La copa exige un mayor contacto visual y táctil con la menstruación, algo que para lo que gran parte de la sociedad parece no estar lista. Una breve encuesta entre cincuenta mujeres de estrato medio y alto en Bogotá revela que la idea de disponer manualmente de los líquidos menstruales es indeseable.

Los beneficios de la copa, sin embargo, podrían llevar a que aprendiéramos rápidamente a usarla: no solo dura más tiempo que cualquier tampón o toalla, sino que no contiene sustancia alguna que pueda tener efectos tóxicos en el organismo. La vida útil de una copa tiene un costo equivalente a la mitad del de un año de tampones o toallas, y su efecto contaminante es casi nulo.

Ocultar, alejar y evitar la menstruación, literalmente a través de los productos con los cuales la manejamos y figurativamente al no hablar del tema puede resultar cómodo. Pero como ocurre con muchas otras evasiones, tras esa aparente comodidad se ocultan consecuencias que resultan negativas para las personas y el medioambiente.

¿Quién la usa? ¿Quién la deshechó? ¿Quién ni ha oído hablar de ella?

Yo la usé un tiempo, la dejé de usar por pura rayada y ahora ya la utilizo con la sensación de que soy más consciente de mi sangrado, genero menos residuos, me gasto menos pasta y decido sobre uno de mis rituales más desprovistos de glamour hasta ahora. Porque ahora siento mi regla como una limpieza, algo bueno que genera renovación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *