Lecturas al pie de una piscina

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¿Cómo era posible que, habiendo sólo letras, yo viera solamente imágenes?

Esta es la gran magia de la lectura: letras, palabras, frases entrelazadas que te llevan de la mano, que a veces te arrastran, a otros mundos, incluso a tu misma ciudad pero convertida en algo importante.

Hace muchos años yo quería ser escritora. Escritora de novelas. Una vez, estando con unos chicos con los que solía parar (parar, qué expresión más definitoria: porque cuando se para, no se avanza, se queda una suspendida en un limbo de no actividad, de dejar pasar la vida…) y comenté así al aire: “Estoy leyendo a Carmen Martín Gaite. Algún día escribiré una novela como las suyas” (no te creas que tiré a lo bajo… Nada menos que una novela como las de Martín Gaite…). Uno de los chicos que tenía parado al lado se rió de mí y me dijo que yo nunca iba a escribir. Yo me enfadé tanto que le espeté una burrada cualquiera y me fui mientras aún perduraban sus mofas.

Hubo un tiempo en el que culpé a aquel pobre chaval de no “haberme dejado ser escritora”. Sin darme cuenta, le di el poder de tener razón, de seguir sus designios. Pero hace poco entendí que lo que ese chico hacía era reírse también de sí mismo, lo que hizo fue proyectar sus miedos sobre mí. Y, sin darme cuenta, mi “fracaso” fue el suyo también pues era un dibujante excepcional (aunque ahora sólo dibuje en las servilletas de papel del bar de la esquina esperando a no sé qué desahucio inminente).

Un sabio muy amigo mío me señaló no hace mucho ese miedo que se nos ancla a todos en el pecho. Ese miedo que no es otra cosa que la certeza de saber que cualquier proyecto que queramos emprender entraña un riesgo: el riesgo de dejar de hacer todo lo demás. Qué pena que no nos enseñen en la escuela a amar nuestras decisiones, a no querer tenerlo todo y disfrutar de cada cosa buena que conseguimos.

A veces creo que mis escritos son también las fotos que hago: imágenes que cuentan historias.

Y empiezo a pensar también que nunca es tarde. Que siempre es un buen momento para empezar.

Imagen de la novela ‘El mundo’ de Juan José Millás

4 thoughts on “Lecturas al pie de una piscina

  1. ¡Cuántas grandes verdades y cuántos miedos terribles y paralizadores! Si has encontrado la forma de darles movimiento, ¡enhorabuena! :)

    Por cierto, chapó por el párrafo cuarto, ¡qué maravilla!

    “Ese miedo que no es otra cosa que la certeza de saber que cualquier proyecto que queramos emprender entraña un riesgo: el riesgo de dejar de hacer todo lo demás. Qué pena que no nos enseñen en la escuela a amar nuestras decisiones, a no querer tenerlo todo y disfrutar de cada cosa buena que conseguimos.”

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